sábado, 2 de octubre de 2010

Exaltados y conservadores

"Los jóvenes como yo considerábamos que todos aquellos viejos famosos [Dirac, Heisenberg, Max Born, Schrödinger y Einstein] hacían el ridículo y, por lo tanto, nos hicimos conservadores [cada uno de ellos tenía una teoría disparatada y pensaba que la suya era la clave para comprenderlo todo]. Los protagonistas jóvenes del momento eran Julian Schwinger y Richard Feynman en Estados Unidos, y Sin-Itiro Tomonaga en Japón. Cualquiera que haya conocido a Feynman podría sorprenderse al oír que se le catalogaba como conservador. [...] El estilo de Feynman era exaltado y maravillosamente original, pero la sustancia de su ciencia era conservadora. Al igual que Schwinger y Tomonaga, entendía que la física que habían heredado de la revolución cuántica era de muy buena calidad. Las ideas de esta física eran básicamente correctas. No veían necesario iniciar otra revolución, sino que solo necesitaban tomar las teorías físicas existentes y aclarar los detalles. Yo les ayudé en las últimas etapas de este proceso. El resultado de nuestros esfuerzos fue la moderna teoría de la electrodinámica cuántica, que describe con precisión el modo en que se comportan los átomos y la radiación.

[...] Tomamos las teorías de Dirac y Heisenberg de la década de 1920 y las modificamos lo menos posible, para dotarlas de coherencia interna y facilitarle al usuario su aplicación. La naturaleza respondió amablemente a nuestros esfuerzos. Cuando se realizaron experimentos nuevos para comprobar la teoría, los resultados coincidieron con ella hasta en once cifras decimales. Sin embargo, los viejos revolucionarios seguían sin estar convencidos. [...] Abordé descaradamente a Dirac y le pregunté si se sentía contento con el gran éxito de la teoría que él había creado 25 años antes.

Como era habitual en él, guardó silencio durante unos momentos antes de contestar: "
Podría haber pensado que las nuevas ideas eran correctas si no hubieran sido tan feas". [...] también Einstein se mostró indiferente ante nuestros éxitos. Mientras los físicos jóvenes del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton se dedicaban apasionadamente a desarrollar la nueva electrodinámica, Einstein estaba trabajando en el mismo edificio y pasaba todos los días por delante de nuestras ventanas. [...] Nunca asistió a nuestros seminarios ni nos preguntó por nuestro trabajo. Hasta el final de su vida siguió creyendo en su teoría unificada de campos."

[Freeman Dyson en su ensayo "El mundo pendiente de una cuerda", del libro "El científico rebelde", DeBolsillo y Debate]