Ya es casualidad que el ganador del premio de Divulgación Científica Fonseca, en su primera edición, estuviera unos minutos en brazos del ganador del mismo premio en su segunda edición...
Pues sí. Cuando James Lovelock era un veinteañero tuvo en su regazo a Stephen Hawking cuando su orgulloso padre llevó al bebé al laboratorio para mostrarlo a sus colegas. Y muchos años después...
O quizás no sea tanta casualidad, según la ley de los milagros de Littlewood.
miércoles 29 de septiembre de 2010
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